martes, 9 de abril de 2013

El comienzo de mi vida Cristiana




Cuando era pequeña mis padres tuvieron la maravillosa idea de bautizarme, yo apenas aprendiendo a comprender este mundo y a dar mis primeros pasos, sin saberlo mis padres y padrinos me embarcaron en una gran aventura, el inicio de la vida cristiana, ellos encendieron la luz de Cristo en mi pequeña vida.

¡Crecer! ese fue mi siguiente paso... y no solo de estatura, sino también espiritualmente. Aunque mi memoria de infante no me permita recordar muchas cosas, se que desde siempre a existido ese ser majestuoso, extraordinario y grandioso llamado Dios, resonando por ahí en ciertos momentos de la vida.

Llegaron mis 10 años y la preparación para mi primera comunión era algo importante pero mi limitado entendimiento, no me daba para entender la grandeza de ese momento, recibir a Cristo por primera vez, en su cuerpo y en su sangre. Yo se que muchas veces hacemos las cosas por tradición, pero es algo que se hace sin fundamentos, bueno si tiene fundamentos, pero en el momento no nos molestamos en saber el significado que eso tiene, muchos en mi región y país en general, solo esperan el momento de la foto, cuando  se desconectan de la celebración eucarística y dicen en voz alta al fotógrafo  "¡vea ese es mi hijo! tomele la foto cuando el padre le este dando la ruedita" ... ¿La ruedita? ¿cual ruedita?... Los papás de aquellos niños inocentes del asunto, tampoco están enterados de qué es todo ese ritual que se ha hecho tan común. Hoy en día lo hacen más por moda o por la misma tradición que por Fe.

En fin, ese día recuerdo, que por fin había probado eso que mi mamá iba a recibir en cada eucaristía y que yo tenia tanta impaciencia de saber qué sabor tenia aquella ruedita y aquel, vino de esa copa. De ahí en adelante continué recibiendo la ostia y el vino, iba a comulgar cada ocho días.

Tres años después fui catequista de niños de primera comunión, ¡Que Dioscidencia! ... a mis catorce años comencé a prepararme para el sacramento de la confirmación y aprendí mucho con esos diáconos que enviaban a mi parroquia un año antes de que se ordenaran sacerdotes. Entré al grupo juvenil... y hasta al coro de la iglesia, claro esta, que habían otras cuantas cosas por ahí que me motivaban.
Luego llegó el día, ese día en que confirmar mi fe era tan importante, reafirmar la fe que habían declarado mis padres y padrinos en mi bautizo, por fin era el día en que iba a MADURAR EN LA FE, hacerme adulta en la fe cristiana y de allí comprender esos misterios tan especiales de nuestra iglesia Católica. 

Pero también estaba creciendo en edad y ya estaba adentrándome en la adolescencia, ¡vaya época difícil!, es una etapa por la que atravesamos todos los seres humanos, pero es trascendental,  dada la cantidad de conflictos emocionales internos y externos que se presentan en las personas en esta etapa. Pues bien, yo no estuve excluida de nada de eso, pase por crisis de rebeldía,  "enamoramiento sin fundamento" como ahora le llamo, crisis emocional... y otras cuantas cosas. Pero ahora que miro un poco hacia atrás veo reflejada esta imagen en mi vida. 


Después de ver tantas cosas que el mundo me ofrecía no me conformé con esas felicidades pasajeras, decidí ir más allá. Descubrir ese gran ser que como bien lo dice el salmo 18,17 "Su mano me tomó y me rescató de las aguas profundas" ... Y aquí voy en el camino, tratando de que ese rescate valga la pena, tratando de mejorar cada día, cada instante, hacer las cosas como mejor las pueda hacer, para gloria de Dios.

Me tome muy personal las palabras de San Pablo a los corintios ¡AY DE MÍ SI NO EVANGELIZO! (1 Cor 9,16). desde entonces doy catequesis en la parroquia teniendo en cuenta que los jóvenes lo necesitan, necesitamos de Él, ¡tenemos sed de Dios!

Mi vida ha tomado un sentido de servicio a los demás, de aprendizaje de la fe y fortalecimiento espiritual, y mi carrera universitaria estará muy pronto al servicio de la iglesia. 
Mi meta es la santidad, camino al cielo... ¡Esa es mi ruta!